Vivir en Transito

Vivir en tránsito" se puede interpretar de varias maneras, dependiendo del contexto. En general, se refiere a una experiencia de vida en la que una persona o comunidad se encuentra en un estado de cambio constante, ya sea físico, social o cultural. Puede referirse a la movilidad geográfica, a la adaptación a nuevas culturas, o a procesos de transformación personal y social.

Vivir lejos de casa ya es bastante desafiante. Pero cuando a eso se le suma el peso del racismo y la xenofobia, el camino se vuelve aún más cuesta arriba. No se trata solo de palabras hirientes o miradas que juzgan, sino de barreras invisibles que afectan todos los aspectos de la vida: desde conseguir un empleo justo, hasta sentirse seguro caminando por la calle.

El racismo y la xenofobia aíslan. Hacen que muchas personas migrantes duden de su valor, cuestionen su acento, su color de piel, su cultura. Minan la autoestima y generan una sensación constante de no pertenecer. A veces, incluso se interiorizan, y uno termina creyendo que debe cambiar para encajar.

Las consecuencias no son solo emocionales. Se reflejan en el acceso limitado a oportunidades, en la discriminación laboral, en la violencia institucional, en la salud mental deteriorada. Pero también, y esto es importante decirlo, generan resistencia. Porque quienes enfrentan estas injusticias todos los días aprenden a alzar la voz, a apoyarse mutuamente, a construir comunidad en medio de la hostilidad.

Hablar del racismo y la xenofobia no es victimizarse. Es reconocer realidades que siguen vigentes y que merecen ser transformadas. Porque el silencio nunca ha sido una solución. Y porque cada vez que se visibiliza una historia, se abre un espacio para el cambio.

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